Otro viejo ensayo que ve la luz en este blog: Qué es para mí la democracia y por qué pienso que NO vivimos en un estado democrático.
DEMOCRACIA :
Esta palabra viene del griego y significa “Gobierno del Pueblo”.
Existen otras definiciones, como la norteamericana, que equipara Democracia a Capitalismo (de manera que, según esta definición, Democracia y Comunismo son antónimos), pero va ser la definición primera la que analicemos por ser la más comúnmente aceptada en nuestro país.
Básicamente es un concepto de gobierno comunal, opuesto al gobierno de un líder solitario. Por gobernar vamos a entender tomar decisiones que afectan al conjunto de la comunidad. Cuando el propio pueblo toma las decisiones, hablamos de democracia. Cuando no es el pueblo, sino una persona (o un grupo reducido, cualquier subconjunto diferente de la totalidad), no es democracia.
“Líder Solitario” parece un término un poco arbitrario, pero voy a usarlo por conveniencia debido a los múltiples nombres que esta figura puede tener (Alcalde, Archiduque, Ayatollah, Cabecilla, Cacique, Califa, Capo, Caudillo, César, Daimyo, Dictador, Duce, Emperador, Faraón, Führer, General, Gobernador, Gran Hermano, Gran Jefe, Gran Mogol, Gurú, Jefe, Kaiser, Khan, Lehendakari, Maharajá, Papa, Patriarca, Portavoz, Presidente, Primer Ministro, Príncipe, Procónsul, Regente, Rey, Secretario General, Shah, Shogun, Soviet Supremo, Sultán, Sumo Sacerdote, Virrey, Voivoda, Zar)
Básicamente la diferencia es que en democracia las decisiones las toman un grupo de personas (idealmente TODAS las personas) mientras que en “lo otro” (nuevamente hay muchos nombres para esto) las decisiones básicamente las piensa una persona, persona que tiene una autoridad o poder especial para poder imponer estas decisiones. No necesariamente de manera única y personal, muchas veces apoyado por algún grupo de consejeros o delegado en estos. Pero de manera que la “carga”, la responsabilidad, pertenece en última instancia al líder único.
Esa autoridad o poder pueden venir de diversas fuentes: aclamación popular, votación, conquista militar, herencia directa o convenciones culturales (Por ejemplo. el líder es el más viejo de la aldea, o el que tiene más vacas)
En todo caso, sea cual sea el método de legitimación del líder, si quien gobierna es este líder y no el pueblo, no podemos hablar de democracia, atendiendo a la definición de la palabra.
Gobernar implica decisiones y actos, planificación, estrategias y objetivos. No se puede gobernar pasivamente: el gobierno requiere acción por parte del gobernante. Es por ello que pienso que NO es una democracia la simple elección de un gobernante aunque la elección sea democrática, por parte del pueblo. De este sistema vamos a hablar a partir de aquí.
El pueblo elige democráticamente a un líder, pero eso es todo lo que va a hacer respecto al gobierno durante un largo periodo (cuatro años suele ser lo habitual). El pueblo no gobierna: no planifica, no discute estrategias, y en general está totalmente apartado de lo que es el proceso gubernamental en general. El qué se hace no lo decide el pueblo. El pueblo elige a alguien para que tome éstas decisiones, y, a partir de ahí, ya no ejerce ningún gobierno.
El que se haga una elección democrática no implica un gobierno democrático. De hecho, un gobierno democrático no implica necesariamente ningún tipo de elección previa. Dicho de una manera más gráfica: aunque tuvieras la posibilidad de elegir democráticamente entre Austrias o Borbones, eso no significaría que no vayas a acabar en un reino y con un rey. Igualmente, un dictador golpista podría gobernar de manera democrática, si cada acción que hiciera la consultara previamente al pueblo.
De hecho el pueblo carece de mecanismos de control efectivo sobre la acción de sus gobernantes: aunque estos decidan ejecutar una medida altamente impopular, el pueblo no tiene poder efectivo para parar esa acción.
Por otro lado, las acciones de los gobernantes no se conocen con antelación a su elección. Pese a que antes de ser elegidos los candidatos suelen ofrecer un programa electoral, éste suele ser muy vago, e incluso cuando este programa se incumple de manera incuestionable, eso tampoco implica ninguna consecuencia directa para el gobernante.
Toda la reacción posible del pueblo gobernado se halla concentrada en la decisión si, tras el periodo de gobierno de un partido político/facción, en la que hay que valorar todo lo bueno y malo que ha hecho en cuatro años, ver si se decide volver a confiar en el mismo gobernante o se confía en otro nuevo.
Si estamos de acuerdo con el 30% de la gestión que ha hecho un gobierno, pero creemos (sin tener tampoco ninguna seguridad) que sólo estaremos de acuerdo con el 20% de la gestión que va ha hacer otro gobierno, no tenemos más remedio que quedarnos con el primero. No hay manera de influir en las decisiones individuales, viene todo en un pack, se toma o se deja.
No podemos quedarnos con lo bueno e intentar cambiar lo malo. Sólo tenemos la posibilidad de elegir al gobierno que pensemos que menos mal lo va a hacer.
La posibilidad real de formar nuevos partidos políticos o facciones es prácticamente inexistente. Es necesario recoger una cantidad de firmas y una cantidad de dinero como aval que imposibilita a la mayoría de las personas la creación de su propio partido. Por otro lado, el capital que posee un partido le capacita a publicitarse, y cuánto más se publicita un partido, con mayor probabilidad le van a votar. Eso significa que el capital favorece la elección y la falta de él la dificulta o incluso la imposibilita.
Todos estos problemas nos llevan a la siguiente conclusión: aunque la mayoría de las personas de una nación quieran una acción concreta en algún tema, no hay un mecanismo claro en el sistema que permita que esta cosa acabe ejecutándose, ya que no hay garantía de que existirá un partido político que contemple esa acción en su programa, ni garantía de que, existiendo, vaya a cumplirla, ni posibilidad de formar un partido para ejecutar dicha acción. Por todo ello se puede decir que el pueblo no tiene posibilidad de trasladar su voluntad a una acción concreta. En otras palabras, el pueblo no gobierna.
Existen dos objeciones inmediatas a esta argumentación que acabo de presentar.
1) La presión para ser elegido o reelegido es suficiente para que el partido busque adecuar su gestión a los deseos del pueblo
2) Aparte de las elecciones generales, existen otros métodos para, en mitad de un mandato, que el pueblo pueda influir en las decisiones del gobierno
Así es en teoría. Pero en la práctica:
1.1) Cuando no hay una competencia real entre partidos, en el sentido de que ninguno de los que tienen posibilidad de salir elegidos está ofreciendo la posibilidad de ejecutar acciones según los deseos del pueblo (bien por casualidad, bien por pacto entre partidos), deja de haber presión en ese sentido.
1.2) Cuando el control de los medios de comunicación (o de una parte importante) lo efectúa el propio gobierno, éste puede, por un lado, hacer ver que las acciones que realiza son en realidad las que el pueblo quiere, y por otro, influir en los propios deseos del pueblo.
1.3) Ser elegido o reelegido reporta obvios beneficios al partido en cuestión, pero (esto sería un tema interesante para la teoría de juegos) el no cumplir con los deseos del pueblo una vez se está en el poder comporta aún más beneficios.
2.1) Recogida de firmas: a partir de un número (varios miles) de firmas se puede hacer que el gobierno tenga que considerar lo que los firmantes solicitan. Sin embargo la única obligación que tienen es considerarlo y discutirlo, no aprobarlo.
2.2) Manifestaciones: ninguna ley obliga a que a partir de determinado número de manifestantes un gobierno tenga que dimitir. Por otro lado organizar una gran manifestación es complejo, requiere la colaboración y el beneplácito de otros organismos diferentes del pueblo (oposición, sindicatos) e incluso el gobierno en el poder tiene la potestad de decidir si la manifestación es legal o no.
2.3) Con un poco de asombro me he encontrado que, aparte de estos dos métodos, apenas hay ningún otro (hablamos de métodos para que el pueblo influya en el gobierno en medio de un mandato, otros sujetos diferentes del pueblo sí tienen otras vías)
Realmente sólo existe la iniciativa o amenaza de no votar a un partido si hace determinada cosa. Pero
a) la gente olvida enseguida, sobre todo si los medios de comunicación apoyan al gobierno
b) a veces nadie llega a saber que lo que el gobierno ha hecho
c) el otro partido seguramente haría lo mismo
d) como ya se mencionó, puede que determinada acción no guste, pero quizá otras del mismo gobierno sí, con lo que al votante se le plantea el dilema de usar el “voto de castigo”, dejar de votar a un partido que por lo demás es su preferido, para que “aprenda”, o no hacerlo, ser consecuente con lo que piensa y seguir votando a su partido, debido a que se sigue considerando que el otro partido es peor en general
e) la gente tiende a identificarse con un partido u otro, y raramente cambia su voto independientemente de lo que hagan los partidos
Las argumentaciones anteriores son para demostrar que el sistema de gobierno del Reino de España (recordemos que es una monarquía parlamentaria), al igual que los sistemas de gobierno de la mayoría de los países, no se puede llamar democracia atendiendo a la propia definición de la palabra.
La siguiente parte de este ensayo entrará en una parte más especulativa, en la que se indagará las razones por la que la democracia raramente se usa (si es que se ha usado alguna vez en la historia de la humanidad) como sistema de gobierno pero, a pesar de ello, casi todos los gobiernos gustan de autodenominarse democráticos. También se verán las características de un gobierno unitario, de una democracia “actual” y de una hipotético democracia “real”.
Se verá también si la democracia “real” es posible, y si lo es, en qué circunstancias. También se verá qué diferentes aproximaciones a la democracia se pueden abordar cuando la democracia “real” no sea posible o poco conveniente, y compararemos la aproximación actual a la democracia con otros posibles enfoques.
DEMOCRACIA :
Esta palabra viene del griego y significa “Gobierno del Pueblo”.
Existen otras definiciones, como la norteamericana, que equipara Democracia a Capitalismo (de manera que, según esta definición, Democracia y Comunismo son antónimos), pero va ser la definición primera la que analicemos por ser la más comúnmente aceptada en nuestro país.
Básicamente es un concepto de gobierno comunal, opuesto al gobierno de un líder solitario. Por gobernar vamos a entender tomar decisiones que afectan al conjunto de la comunidad. Cuando el propio pueblo toma las decisiones, hablamos de democracia. Cuando no es el pueblo, sino una persona (o un grupo reducido, cualquier subconjunto diferente de la totalidad), no es democracia.
“Líder Solitario” parece un término un poco arbitrario, pero voy a usarlo por conveniencia debido a los múltiples nombres que esta figura puede tener (Alcalde, Archiduque, Ayatollah, Cabecilla, Cacique, Califa, Capo, Caudillo, César, Daimyo, Dictador, Duce, Emperador, Faraón, Führer, General, Gobernador, Gran Hermano, Gran Jefe, Gran Mogol, Gurú, Jefe, Kaiser, Khan, Lehendakari, Maharajá, Papa, Patriarca, Portavoz, Presidente, Primer Ministro, Príncipe, Procónsul, Regente, Rey, Secretario General, Shah, Shogun, Soviet Supremo, Sultán, Sumo Sacerdote, Virrey, Voivoda, Zar)
Básicamente la diferencia es que en democracia las decisiones las toman un grupo de personas (idealmente TODAS las personas) mientras que en “lo otro” (nuevamente hay muchos nombres para esto) las decisiones básicamente las piensa una persona, persona que tiene una autoridad o poder especial para poder imponer estas decisiones. No necesariamente de manera única y personal, muchas veces apoyado por algún grupo de consejeros o delegado en estos. Pero de manera que la “carga”, la responsabilidad, pertenece en última instancia al líder único.
Esa autoridad o poder pueden venir de diversas fuentes: aclamación popular, votación, conquista militar, herencia directa o convenciones culturales (Por ejemplo. el líder es el más viejo de la aldea, o el que tiene más vacas)
En todo caso, sea cual sea el método de legitimación del líder, si quien gobierna es este líder y no el pueblo, no podemos hablar de democracia, atendiendo a la definición de la palabra.
Gobernar implica decisiones y actos, planificación, estrategias y objetivos. No se puede gobernar pasivamente: el gobierno requiere acción por parte del gobernante. Es por ello que pienso que NO es una democracia la simple elección de un gobernante aunque la elección sea democrática, por parte del pueblo. De este sistema vamos a hablar a partir de aquí.
El pueblo elige democráticamente a un líder, pero eso es todo lo que va a hacer respecto al gobierno durante un largo periodo (cuatro años suele ser lo habitual). El pueblo no gobierna: no planifica, no discute estrategias, y en general está totalmente apartado de lo que es el proceso gubernamental en general. El qué se hace no lo decide el pueblo. El pueblo elige a alguien para que tome éstas decisiones, y, a partir de ahí, ya no ejerce ningún gobierno.
El que se haga una elección democrática no implica un gobierno democrático. De hecho, un gobierno democrático no implica necesariamente ningún tipo de elección previa. Dicho de una manera más gráfica: aunque tuvieras la posibilidad de elegir democráticamente entre Austrias o Borbones, eso no significaría que no vayas a acabar en un reino y con un rey. Igualmente, un dictador golpista podría gobernar de manera democrática, si cada acción que hiciera la consultara previamente al pueblo.
De hecho el pueblo carece de mecanismos de control efectivo sobre la acción de sus gobernantes: aunque estos decidan ejecutar una medida altamente impopular, el pueblo no tiene poder efectivo para parar esa acción.
Por otro lado, las acciones de los gobernantes no se conocen con antelación a su elección. Pese a que antes de ser elegidos los candidatos suelen ofrecer un programa electoral, éste suele ser muy vago, e incluso cuando este programa se incumple de manera incuestionable, eso tampoco implica ninguna consecuencia directa para el gobernante.
Toda la reacción posible del pueblo gobernado se halla concentrada en la decisión si, tras el periodo de gobierno de un partido político/facción, en la que hay que valorar todo lo bueno y malo que ha hecho en cuatro años, ver si se decide volver a confiar en el mismo gobernante o se confía en otro nuevo.
Si estamos de acuerdo con el 30% de la gestión que ha hecho un gobierno, pero creemos (sin tener tampoco ninguna seguridad) que sólo estaremos de acuerdo con el 20% de la gestión que va ha hacer otro gobierno, no tenemos más remedio que quedarnos con el primero. No hay manera de influir en las decisiones individuales, viene todo en un pack, se toma o se deja.
No podemos quedarnos con lo bueno e intentar cambiar lo malo. Sólo tenemos la posibilidad de elegir al gobierno que pensemos que menos mal lo va a hacer.
La posibilidad real de formar nuevos partidos políticos o facciones es prácticamente inexistente. Es necesario recoger una cantidad de firmas y una cantidad de dinero como aval que imposibilita a la mayoría de las personas la creación de su propio partido. Por otro lado, el capital que posee un partido le capacita a publicitarse, y cuánto más se publicita un partido, con mayor probabilidad le van a votar. Eso significa que el capital favorece la elección y la falta de él la dificulta o incluso la imposibilita.
Todos estos problemas nos llevan a la siguiente conclusión: aunque la mayoría de las personas de una nación quieran una acción concreta en algún tema, no hay un mecanismo claro en el sistema que permita que esta cosa acabe ejecutándose, ya que no hay garantía de que existirá un partido político que contemple esa acción en su programa, ni garantía de que, existiendo, vaya a cumplirla, ni posibilidad de formar un partido para ejecutar dicha acción. Por todo ello se puede decir que el pueblo no tiene posibilidad de trasladar su voluntad a una acción concreta. En otras palabras, el pueblo no gobierna.
Existen dos objeciones inmediatas a esta argumentación que acabo de presentar.
1) La presión para ser elegido o reelegido es suficiente para que el partido busque adecuar su gestión a los deseos del pueblo
2) Aparte de las elecciones generales, existen otros métodos para, en mitad de un mandato, que el pueblo pueda influir en las decisiones del gobierno
Así es en teoría. Pero en la práctica:
1.1) Cuando no hay una competencia real entre partidos, en el sentido de que ninguno de los que tienen posibilidad de salir elegidos está ofreciendo la posibilidad de ejecutar acciones según los deseos del pueblo (bien por casualidad, bien por pacto entre partidos), deja de haber presión en ese sentido.
1.2) Cuando el control de los medios de comunicación (o de una parte importante) lo efectúa el propio gobierno, éste puede, por un lado, hacer ver que las acciones que realiza son en realidad las que el pueblo quiere, y por otro, influir en los propios deseos del pueblo.
1.3) Ser elegido o reelegido reporta obvios beneficios al partido en cuestión, pero (esto sería un tema interesante para la teoría de juegos) el no cumplir con los deseos del pueblo una vez se está en el poder comporta aún más beneficios.
2.1) Recogida de firmas: a partir de un número (varios miles) de firmas se puede hacer que el gobierno tenga que considerar lo que los firmantes solicitan. Sin embargo la única obligación que tienen es considerarlo y discutirlo, no aprobarlo.
2.2) Manifestaciones: ninguna ley obliga a que a partir de determinado número de manifestantes un gobierno tenga que dimitir. Por otro lado organizar una gran manifestación es complejo, requiere la colaboración y el beneplácito de otros organismos diferentes del pueblo (oposición, sindicatos) e incluso el gobierno en el poder tiene la potestad de decidir si la manifestación es legal o no.
2.3) Con un poco de asombro me he encontrado que, aparte de estos dos métodos, apenas hay ningún otro (hablamos de métodos para que el pueblo influya en el gobierno en medio de un mandato, otros sujetos diferentes del pueblo sí tienen otras vías)
Realmente sólo existe la iniciativa o amenaza de no votar a un partido si hace determinada cosa. Pero
a) la gente olvida enseguida, sobre todo si los medios de comunicación apoyan al gobierno
b) a veces nadie llega a saber que lo que el gobierno ha hecho
c) el otro partido seguramente haría lo mismo
d) como ya se mencionó, puede que determinada acción no guste, pero quizá otras del mismo gobierno sí, con lo que al votante se le plantea el dilema de usar el “voto de castigo”, dejar de votar a un partido que por lo demás es su preferido, para que “aprenda”, o no hacerlo, ser consecuente con lo que piensa y seguir votando a su partido, debido a que se sigue considerando que el otro partido es peor en general
e) la gente tiende a identificarse con un partido u otro, y raramente cambia su voto independientemente de lo que hagan los partidos
Las argumentaciones anteriores son para demostrar que el sistema de gobierno del Reino de España (recordemos que es una monarquía parlamentaria), al igual que los sistemas de gobierno de la mayoría de los países, no se puede llamar democracia atendiendo a la propia definición de la palabra.
La siguiente parte de este ensayo entrará en una parte más especulativa, en la que se indagará las razones por la que la democracia raramente se usa (si es que se ha usado alguna vez en la historia de la humanidad) como sistema de gobierno pero, a pesar de ello, casi todos los gobiernos gustan de autodenominarse democráticos. También se verán las características de un gobierno unitario, de una democracia “actual” y de una hipotético democracia “real”.
Se verá también si la democracia “real” es posible, y si lo es, en qué circunstancias. También se verá qué diferentes aproximaciones a la democracia se pueden abordar cuando la democracia “real” no sea posible o poco conveniente, y compararemos la aproximación actual a la democracia con otros posibles enfoques.
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